Andaba yo con ganas de empezar a publicar algo por estos lares y demasiado dormida como para pensar en algo coherente que escribir cuando, de pronto, una voz inspiradora me ha dado la clave. ¿Para qué escribir algo coherente? Esa palabra no existe en mi diccionario.
Así que hoy vamos a hacer un pequeño ejercicio de psicología. Vamos a meternos en nuestra propiamente -ese caos infinito donde es fácil perderse- e iremos buscando que es lo último que se nos pasa por la cabeza.
Empecemos:
Lo último que se me pasa por la cabeza es que pueda escribir esta entrada. A fin de cuentas, ¿cuando se sabe si es lo último que se te va a pasar? Quizás justo después de pensar una cosa, ¡zas! te viene otra. Así que lo que hace un momento era lo último, ahora ya no lo es.
En el pequeño rato de meditación que le he dedicado a esto (sí, dormida suelo hacer cosas tan estúpidas como intentar el fin de mis pensamientos) he pensado muchas últimas cosas. Por ejemplo, he pensado que podría volver a tocar Ella baila sola y, por consiguiente, pensé que me gustaría ver a un sapo bailar flamenco. Pero de los sapos he pasado a los elefantes alados sustitos de la Renfe. Y pensar en la Renfe me ha puesto furiosa, ya que he pensado en la de tiempo que pierdo por su culpa cada día.
Pero los pensamientos de la Renfe fueron sustituídos por pensamientos sobre lecturas, así que pensé en Nietzsche, en su Dios ha muerto. Pero tanto filosofar, me hizo darme cuenta de que no hago más que perder el tiempo en tonterías.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario
Venga, no te calles... ¿Qué es lo que piensas?